Chicago — El movimiento pro derechos de los inmigrantes en Chicago estaba al borde de dar un paso histórico, y Nicole Pérez estaba lista para prestarle su voz, cuando le dijeron con desdeñosa ira que no era bienvenida.
Eso fue el 10 de marzo de 2006. Pérez y su pareja lesbiana, Xiomara Santana, se habían sumado a los más de 100,000 manifestantes en el Loop . Agarradas de la mano, las dos mujeres, ambas estadounidenses, miraron a los rostros latinos que las rodeaban y les recordaban de sus propias familias. Entonces un señor mayor a dos pies de distancia de ellas les espetó: “¿Qué hacen aquí?”
“Pensé ‘estamos aquí por el mismo motivo’”, dijo Pérez.
Casi dos años después, la comunidad lesbiana, gay y transexual aboga por mayor reconocimiento dentro del movimiento inmigratorio.
Activistas lanzaron la Global Gays Initiative este mes para destacar problemas inmigratorios que conciernen a su comunidad y para prestar ayuda legal y otros tipos de asistencia a gays, lesbianas y otros que hayan sido objeto del ostracismo por parte de la vertiente principal pro-inmigrante.
Esas organizaciones han prestado poca atención a las batallas inmigratorias de la comunidad gay, dijo Tania Unzueta, activista radicada en Pilsen, que hace énfasis en esos casos como presentadora de Radio Arte.
Por ejemplo, prácticamente nada se ha dicho acerca del caso de Victoria Arellano, una mujer transexual que padecía de sida, quien llegó de México ilegalmente y murió este verano en un centro de detención en San Pedro, California, donde le negaron darle medicamentos.
El caso de Victoria Arellano destaca las deficiencias en tratamientos médicos disponibles para los inmigrantes ilegales en espera de ser deportados, sobre todo aquellos con VIH, dijeron los activistas.
El caso también encaja con una iniciativa más amplia para abolir una prohibición federal de hace 20 años que le niega la entrada a inmigrantes seropositivos, que no puedan probar que no serán un riesgo de salud pública.
Pero la campaña de mayor impulso en la comunidad ha sido en nombre de unas 36,000 parejas de mismo sexo que se hallan en el país y en las que uno es ciudadano y el otro es inmigrante. Muchas de estas parejas quedan divididas al vencerse una visa inmigratoria o al aplicarse una deportación, lo que ha propiciado un esfuerzo para que se promulgue una ley federal que permita a un ciudadano estadounidense, gay o lesbiana, patrocinar la residencia legal de su pareja. El proyecto legislativo, propuesto por el representante federal Jerrold Nadler (D-N.Y.), ha recibido un modesto apoyo.
Como el principal argumento para la reforma inmigratoria se ampara en una apelación a los valores familiares tradicionales, pudiera resultar un poco ambiguo que la vertiente principal extendiera su lucha para defender a los gays y las lesbianas, admitieron los activistas.
Sin embargo, ya se están llevando pláticas entre activistas gay y la Coalición Pro Defensa de Refugiados e Immigrantes. “Queremos asegurarnos que nuestra leyes de inmigración son humanas para esa comunidad y que se respeten sus derechos”, dijo Joshua Hoyt, director de esa organización.


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