El congestionamiento

Cuando llega el verano en Alicante es habitual ver cada dos por tres en los semáforos a adolescentes; habitualmente de aspecto bakala (rokero), desnudos de cintura para arriba esperando a que la luz se ponga verde.

Es una imagen que me pone a cien, sobre todo cuando estoy en mi coche, sufriendo las consecuencias del atasco de las tres y uno de estos chavalotes se me pone al lado. Con disimulo lo miro de arriba abajo y raro es el que no me resulte irresistible. Con sus pantalones Adidas blancos, su torso tremendamente bronceado y visiblemente sudado. La polla se me pone muy dura, es algo que no puedo evitar. Me encanta su estética con el pelo cortado a lo marine americano, su obsesión por marcar un torso musculado y su carácter arrogante y chulesco. Sus tatuajes en el hombro y sus pendientes en la oreja.

Esta tarde estaba en la Gran Vía a las tres de la tarde y un bakala se me clavó a mi lado al ver que no podía pasar con su Scooter. Sin miramientos se apoyó en el techo de mi coche mientras meneaba la moto entre sus piernas como si fuese su propia verga. Su torso rezumaba sudor por todas partes, su corto pelo moreno brilla pues estaba empapado como el resto de su cara. Lo cierto es que hacía un calor de cojones. Me fijé entonces a través del retrovisor más detenidamente en él, en su cara de niño bueno, en su pecho firme y en sus abdominales perfectamente dibujados. Y se me fue la vista a su sensual axila velluda que mostraba al apoyarse sobre el techo de mi coche.

Mi polla ha comenzado a ponerse tan dura que los pantalones de algodón que llevaba parecían una tienda de campaña y no he dejado de magrearmela como un poseso. Hasta hoy la cosa no había pasado de ahí, pero esta tarde ha sido muy diferente. El atasco de hoy ha sido considerable y el semáforo cambiaba una y otra vez de color sin que los coches se moviesen un milímetro. Así que mi mente se ha calentado más de lo debido.

Sin pensarlo realmente he accionado el elevalunas y lentamente la ventanilla ha ido bajando, para sorpresa del chico que ha girado la mirada al darse cuenta. Ha sido entonces cuando he cometido uno de los actos más idiotas de mi vida, al querer hacerme el gracioso:

¡Hace calor, eh!. - Tremenda frase, típica del más cafre.

El chico, que no pasaba de los 17 años, me ha mirado con cara de circunstancia y un tanto mosqueado al ver como lo miraba con cara de cordero degollado. Y en un intento de que aquello no quedase como el acto desperado de un tío de 25 años que intenta ligarse al niñato buenorro en el primer semáforo que se tercie. He girado la salida del aire acondicionado de mi coche hacia él y le he dado al máximo.

Ya, ya sé que la idea ha sido igualmente idiota, pero lo cierto es que el chico ha sonreído y sin que yo hiciese nada, este a comenzado a pasarse la mano por su tremendo torso al notar el aire frío. Eso me ha puesto más cachondo y sin poder evitarlo me he llevado la mano a la entrepierna sin darme apenas cuenta. El caso es que él si se ha dado cuenta y al ver la izada de bandera que ese momento sufría mi sexo, a cambiado de cara de inmediato. Momento en que mi cara se ha puesto más roja que un tomate al verme descubierto vilmente. Respondiéndome el chico de inmediato en un topo de desprecio con un:

“¡Salido de mierda!”.

Tras esto el coche que había delante ha comenzado a avanzar y el chico ha salido disparado sin darme tiempo a reaccionar. Entre pitadas del tío de detrás he salido del atasco y he girado por la Avenida de Novelda, donde ya apenas había tráfico. Si bien a tan sólo cien metros me topado con otro semáforo en rojo. Allí se encontraba el chico, quien al verme por el espejo de su moto no ha cesado de mirar hacía atrás, al ver que me aproximaba otro vez a él.

Para cuando he parado el chico se encontraba una vez más a mi lado y este no cesaba de mirarme y sonreír. Tanto que sin poder remediarlo he bajado la mirada, totalmente acobardado. Ha sido entonces cuando avanzando un poco el chico se ha colocado a la altura del capó, que como es normal en Alicante, está manchado de gotas de barro tras la escasa llovizna de la pasada noche. Una pizarra perfecta para que el más gracioso te escriba mil cartelitos sin gracia alguna. Y eso es lo que pensaba que había escrito el chico, algún insulto que me tocaría limpiar nada más llegar al garaje.

Sin embargo el pulso se me aceleró cuando al bajar del coche he visto que en realidad lo que el bakala ha escrito no ha sido otra cosa que su número de teléfono. He pensado después que lo más seguro es que el número fuese falso o de algún amigo suyo al que gastarle una broma. Pero nada de eso, ha resultado ser cierto, pues sin poder reprimirme, nada más llegar a casa he llamado. Y una voz juvenil me ha preguntado quien era y sin saber que decir he contestado que me había encontrado su número en el capó. De repente ha comenzado a reír, para acto seguido contestarme:

¡Ah sí, el salido!. ¡Apuesto a que nada más llegar a casa te la has machacado pensando en mí!.

Lo cierto es que tal idea se me ha pasado por la cabeza, aunque lo más increíble es que sin saber muy bien de donde he podido sacar las palabras, de inmediato le he replicado:

¡Prefiero que vengas tú y me la chupes!.

El chico ha vuelto a reír y de inmediato me ha preguntado donde vivía. Sin pensármelo se lo he dicho y en diez minutos ya estaba llamando a mi puerta. Al abrir allí estaba plantado, sin camiseta, sudado y con aspecto de haber subido corriendo por las escaleras.

Con una sonrisa lasciva ha entrado a mi casa dando un portazo y sin mediar palabra me ha acorralado contra la pared del pasillo. Allí ha hecho el intento de besarme para acto seguido estrujarme el paquete, mientras a mí se me entrecortaba la respiración.

Por fin me ha besado y os aseguro que al notar su lengua contra la mía, la piel se me ha puesto de gallina. Tras esto me ha tomado por la muñeca y mirando puerta por puerta me ha llevado hasta el salón donde tras empujarme contra el sofá, me ha mirado fijamente, ha sonreído y seguidamente se ha despojado de los pantalones y los tenis.

El muy cabrón no llevaba calzoncillos y su polla se me presentaba ante mi cara, sudada y exuberante.

No es que esta haya sido mi primera verga, pero sí la que más me ha apetecido comer, tanto que su joven dueño apenas ha tenido que hacer fuerza al poner su mano sobre mi nuca para que se la mamase. Pues sin dudarlo me la he llevado a la boca, notando su terso glande contra mis mofletes. De inmediato el chico ha comenzado a acariciarse el torso, podía oírlo respirar profundamente y eso me ha puesto más cachondo. Tanto que yo mismo he comenzado a acariciarle también el torso. Para después despojarme como he podido de mi camisa y el chico me acariciaba la espalda.

Al instante su polla se encontraba tan tiesa que ante el riesgo de correrse en mi boca demasiado pronto, el chaval ha decidido cambiar las tornas y ser él quien chupase la mía. Se ha colocado de rodillas y tras mirarme sonriente ha sacado mi polla por la bragueta. Un pene duro y tieso que llevaba horas esperando a que alguien la acariciase.

Escupiendo sobre mi capullo el chico a empezado a darme pequeños chupetones que casi me provocan el delirio. Máxime cuando sin previo aviso ha comenzado a mamármela salvajemente de la forma en que sólo un adolescente lo sabe hacer. Mi respiración se ha entrecortado y cuando parecía que me iba a correr, el chaval me ha tomado de los hombros y con una fuerza mayor a la mía me ha lanzado contra el suelo. Para sobre él y boca abajo avalanzarse sobre mí y empezar entonces a restregarse contra mí, sirviendo su sudor y el mío de perfecto lubricante.

Al instante el chico a querido penetrarme, lo cierto es que muy pronto lo ha conseguido pues yo no me he opuesto, poniéndose un condón que sacó de su pantalón en un rápido movimiento, y su juvenil polla parecía un taladro.

Centímetros de carne dura y amorcillada que han penetrado en mi culo de forma tan intensa que un gran escalofrío ha recorrido todo mi cuerpo. Y como si tratase de una tabla de flexiones, el chaval me la ha metido tantas veces que casi llego al éxtasis.

Cuando más a punto la tenía el cabrón se ha quitado de encima, me ha ordenado que me girase y yo lo he hecho. Ha sido entonces cuando ha utilizado mi boca como si fuese mi propio culo, penetrándome con la misma dureza y ritmo. Llegando así a no poder más y acabar por reventar.

Su caliente y gelatinosa leche ha inundado toda mi boca mientras él gemía y jadeaba intensamente. Tal ha sido la corrida que no pudiendo tragarla por completo, un gran chorrete de semen se ha dejado caer por mi mejilla, sin que yo hiciese nada por evitarlo. Pues lejos de conformarse con semejante lechada, el chico se ha colocado entonces sobre mí para besarme en la boca. Con su lengua se ha tragado su propia leche y seguidamente se ha escurrido hasta llegar a mi polla.

Entonces me la ha mamado como nadie lo ha hecho nunca y con mis dos manos sobre su cabeza mojada de sudor, he acabado por correrme yo también. Todo ello sin prestar apenas resistencia alguna y sin que el chaval dejase de mamarmela hasta que mi verga ha quedado más limpia que una patena.

Tras chuparmela de semejante manera, el chico se ha incorporado, me ha mirado con cara lasciva y en silencio ha comenzado a ponerse los pantalones. Mientras yo no podía decir ni media palabra, intentando asimilar lo que me estaba pasando. Para entonces el chico ya se había calzado y sin mediar palabra ha salido de la habitación. Y tras él he podido escuchar como se cerraba la puerta.

No sé ni tan sólo su nombre, pero…

¡Tengo su número!.

1 Respuesta a “El congestionamiento”


  1. 1 jorvi 11 Jul, 2008, 11:04 pm

    wsolo me gustaria que renovaran las publicaciones

Añade un Comentario




Publicidad

Publicidad

Próximos Eventos